martes, enero 16, 2007

¿Porqué será, Dios del cielo?



¿Por qué será, Dios del cielo, que no se resigna el alma cuando nos cambian la calma por olas de desconsuelo? Tal vez sea por orgullo del que recibe la afrenta, porque la pena es inmensa de ver desecho el capullo. Por no escuchar el arrullo les brota la indiferencia.

La tristeza es un infierno que nos oprime a su antojo, como pájaro goloso muerde las flores brillantes. El alma es el gobernante que rige las estaciones, correspondido en amores el ser se convierte en sol y en negro el bello arrebol si el hombre está en aflicción.